Los de afuera

¿Alguna vez has encontrado fotos de tu infancia que tenías muchos años de no ver?  ¿O te has encontrado dinero guardado que no te acordabas de que tenías?

Recientemente encontré el enlace de un blog que inicié en el 2010 y trajo buenos recuerdos de esa época. Y leyendo los artículos que allí están escritos, me encontré con un artículo que escribí el 8 de diciembre del 2010, que transcribo y solo corrijo ortografía.

La nueva generación de líderes debe saber algo: La Iglesia se hizo para los de afuera, no para los de adentro. Sin los de afuera no habría los de adentro. Así de sencillo. El problema es que una vez adentro no queremos saber nada de los de afuera, y los atacamos, atacamos sus prácticas, sus modas y sus costumbres. Los vemos como inferiores porque no tienen “la gloria”. Pero si no mal recuerdo una vez adentro hemos sido llamados a ser luz AFUERA.

Nuestros programas de Iglesias están enfocados más para satisfacer a los de adentro que para “pescar” a los de afuera (uso pescar en comillas porque somos “pescadores de hombres”). Nuestra música cambia, nuestra manera de vestir cambia y nuestro lenguaje cambia. Y deben cambiar, porque nuestra relación con DIOS nos hace cambiar, pero no para usarla como herramienta en contra de los que aún no conocen de DIOS.

Quizás debemos cambiar nuestra mentalidad que somos una elite. Sí hemos sido hechos “reyes y sacerdotes” pero no para pararnos en los hombros de los perdidos. Si nos comportáramos como verdaderos seguidores de Jesús, seguiríamos buscando a los de afuera. Comiendo con ellos, riéndonos con ellos.

Muchos oran por los perdidos, para que la Luz de la Verdad los alumbre, pero se nos olvida que para eso fuimos llamados, para brillar en MEDIO de la oscuridad.

Preguntémonos, ¿qué hace alguien que no es cristiano en la Iglesia? ¿Qué hace durante las “alabanzas”? ¿Durante la “adoración”? ¿Durante la ofrenda? ¿Se sentirá identificado? Cuando escucha términos como “Lavados por sangre”, “Cierra tus ojos y míralo…”, “Recibe la unción”, “Fuego, ¡fuego!” ¿Se sentirá identificado? Y la pregunta más importante ¿Regresará al domingo siguiente?

Sabemos que quien convence es el Espíritu Santo y no nosotros, pero muchos de nuestros rituales no son nada amigables a los que nos visitan.

Así que ¿hacia quién está enfocado el programa de tu Iglesia, a mantener a los de adentro o a invitar a los de afuera?


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