¿Quién está formando los valores de nuestros hijos?

Cada día nos enfrentamos a millones de estímulos visuales y sensoriales y eso que nuestra capacidad de atención es solo de unos 30 a 40 segundos. ¿Qué se hace con toda la información adicional? Y algo más importante aún, ¿qué marcas o plataformas están luchando por nuestra atención y qué estrategias implementan para captarla?

Según Statista, una de las empresas de estudios estadísticos más importante del mundo, informó que “TikTok se ha consolidado como una de las plataformas de redes sociales más influyentes del mundo” y que “Tan solo en el segundo trimestre de 2025, TikTok se descargó alrededor de 192 millones de veces en todo el mundo.”

Pero no solo Tiktok lucha por nuestra atención, antes está Instagram, Facebook, WhatsApp, Youtube, y cientos de aplicaciones móviles que son usadas para entretener primordialmente, pero también para educar e informar.

Es muy común ver familias en restaurantes y lugares de diversión pasando un buen momento, y ahora, un miembro más se ha unido a la familia: el dispositivo móvil. Ya sea un celular o una Tablet, muchos niños son acompañados de estos aparatos como medio de entretenimiento o, en algunos casos, como manera de que los padres puedan comer tranquilos mientras sus hijos están envueltos en algún tipo de juego o videos.

Algunos padres han recurrido a esta medida con tal de que los niños estén tranquilos, ignorando a veces, el daño que están causando en sus hijos al exponerlos a un nuevo vicio: el scroll infinito o doomscrolling. Este efecto de deslizar los dedos hacia un nuevo video es usado por las plataformas para aumentar su uso, creando un efecto casi hipnótico, donde los usuarios no ven nada fijo por un tiempo prolongado, pero la información sí la está procesando el cerebro. Y aquí está el problema. Las aplicaciones móviles han trabajado de la mano con creadores de contenido para que esa necesidad de ver otro video, otra canción, otro baile, otra broma se vuelva cada vez más frecuente.

Hay creadores de contenido que son de edificación, pero deben pelear su posición ante otros miles y millones de creadores más. Aquí entra lo que hemos conocido como “el algoritmo”. Esto es una forma de programación que analiza cada interacción que el usuario tiene con la plataforma y predice qué video le gustará más ver en seguida, y así va construyendo un perfil del usuario y donde le muestra muchos videos de su interés y muy pocos de otros temas. Y para el algoritmo, cada segundo cuenta; un segundo más lo interpreta como interés o un segundo menos como desinterés y así, va creando lo que se llama “el feed” o la secuencia de videos y publicaciones que cada usuario ve.

Con esto en mente, ¿qué están viendo nuestros hijos en el dispositivo móvil que les hemos entregado? ¿Podemos confiar ciegamente en la aplicación “para niños” y los controles de padres que les hemos instalado? Entonces, ante la creciente batalla por tener cautiva nuestra mirada, los cristianos debemos preguntarnos ¿Quién está formando los valores de nuestros hijos?

La Biblia es clara en definir quien es el responsable de enseñar a los hijos. Deuteronomio 6:6 y 7 dice: “Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.” Somos los padres quienes debemos enseñar a nuestros hijos. Si, hay escuelas y colegios, universidades y otras instituciones, pero somos los padres los responsables de lo enseñanza fundamental.

Si los padres enseñamos bien y formamos los valores bíblicos, aunque nuestros hijos crezcan, no se apartarán de ellos, pero para que eso suceda se requiere de acciones de parte de los padres.

Vivir los valores

La porción de Deuteronomio que leímos dice: “Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando.” No se puede enseñar algo que no se ha aprendido porque eso nos resta autoridad. Los padres cometemos el error de pretender que los hijos hagan lo que decimos, pero ellos harán lo que hacemos. Los valores deben primero estar grabados en nuestro corazón y no como dice Isaías “Este pueblo se acerca a mí con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.” Como padres debemos asumir la responsabilidad de guardar los mandamientos que Dios nos ha dado, debemos practicarlos todos los días, debemos vivir los valores cristianos.

Enseñar los valores

Una vez vivimos estos valores, entonces podemos enseñarlos. Deuteronomio continúa dando instrucciones a los padres con verbos imperativos, es decir, no sugerencias sino órdenes: incúlcaselas y háblales. Inculcar significa repetir con empeño muchas veces algo a alguien. ¿Qué tanto empeño estamos poniendo en la enseñanza de los valores bíblicos a nuestros hijos?

Como podemos ver, la responsabilidad de enseñar e inculcar los valores bíblicos a nuestros hijos somos los padres, somo ese escudo que los debe proteger; no es una burbuja porque no los estamos aislando, sino protegiendo. Jesús mismo oró no porque fuéramos quitados del mundo, sino guardados del mal.

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