Liderazgo efectivo: por qué tu equipo necesita claridad y autoridad

Recuerdo que al final de la década de los 80, con mi hermana mayor regresábamos a casa de la escuela. Entre nuestra colonia y la escuela había una avenida muy importante, el Anillo Periférico de la Ciudad de Guatemala. Aunque había una pasarela, un paso peatonal elevado, decidimos cruzar por la calle. En aquel entonces no había tanto tránsito de vehículos como ahora, así que decidí acostarme a media calle. Recuerdo que mi hermana me gritaba que me levantara, que lo hiciera rápido porque podía venir un vehículo. Yo entre risas, picardía y nerviosismo, me mantuve acostado por unos instantes más. Cuando me levanté, corrí hacia la acera y continuamos el camino a casa.

Muchos de los que tenemos padres de la vieja guardia, pudimos experimentar en nuestra niñez que nos hayan dejado a cargo de nuestros hermanos. Cuando nuestros padres tenían que salir, nos dejaban solos, pero siempre había un encargado. Regularmente era el más grande de todos y lo dejaban con la instrucción de “cuidá a tus hermanos y que te hagan caso”. Y ¿Qué pasaba cuando los papás se iban? Una lucha de poderes, cada uno quería hacer lo que mejor le pareciera.

En toda relación, ya sea de trabajo o familia, se necesitan dos ingredientes importantes para que haya avance: claridad y autoridad.

La claridad es importante porque despeja las dudas y la incertidumbre. En una ocasión, vivía yo en el noreste de Estados Unidos y estaba estudiando en la escuela secundaria; era invierno, por los meses de enero y febrero. Con mi familia salimos apresurados de la casa y al encender el vehículo, el vidrio delantero estaba muy empañado y con la prisa, salimos así. No habíamos recorrido ni 300 metros cuando nos accidentamos de frente con un bus escolar debido a la poca visibilidad. ¿Alguna vez has conducido tu vehículo cuando hay mucha neblina? ¿O cuando está lloviendo muy fuerte? Casi no se ve el camino. Cuando no hay claridad, hay caos.

La claridad define la ruta a seguir, advierte de los peligros y permite el avance continuo. Por el contrario, la falta de claridad detiene el avance y crea frustración en el equipo. Las fuerzas armadas son un ejemplo claro de cómo evitar la frustración. Si un oficial no está presente, siempre hay una autoridad y es el miembro de más alto rango en el grupo, por muy bajo que sea este; si entre los soldados hay un cabo, este tiene mayor rango que los demás y puede dar órdenes. Y si todos tienen el mismo rango, el de más tiempo en el servicio es quien asume la autoridad.

Ya sea en nuestro equipo de trabajo, nuestra empresa o nuestra familia, la claridad es clave.

La autoridad es otro elemento importante para que haya avance. Como dije al principio, cuando los padres delegaban autoridad en un hermano, este debía ejercerla y los demás respetarla.

Pero ¿qué pasa cuando nos dan la responsabilidad sin autoridad? No se puede ejecutar la acción. Sin autoridad no hay ejecución. Es común ver cómo alguien a quien no le han dado autoridad ser incapaz de realizar una tarea. En la familia se le dice al otro “vos no sos mi papá o mi mamá”. En las empresas se dice “no eres el jefe”. Esta falta de autoridad estanca el avance.

Sin embargo, la responsabilidad de comunicar es del líder, él debe anunciar que tal persona tiene la autoridad para hacer esto o aquello. Eso se llama empoderar. Con la autoridad vienen los límites. No hay tal cosa de autoridad absoluta. Quien goce de autoridad debe saber que tiene límites, tanto hacia arriba como hacia abajo.

La autoridad no es licencia para hacer lo que uno quiera, sino hacer lo que le fue delegado.

Entones, para que haya avance, se necesitan claridad y autoridad. Instrucciones claras y el poder para llevarlas a cabo. Es importante que evaluemos si en nuestros equipos tenemos personas que necesitan claridad y autoridad para hacer que la organización, la empresa o la familia avance.

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